Aunque recientemente se está dando a publicidad un documental realizado por James Cameron, lo cierto es que hace años ya que en España el autor José Antonio Solís había publicado un libro que, con el nombre de “El Cuerpo”, investigaba y analizaba exactamente lo mismo.
Ofrecemos aquí un resumen del mismo. |
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EL CUERPO Recordamos al lector que el libro que ahora ofrecemos resumido se publicó no solamente antes que viera la luz el documental de James Cameron, sino también antes que "El código da Vinci". TEXTO QUE CON PERMISO DEL AUTOR SE HA RESUMIDO QUITANDO LAS PARTES QUE FIGURAN ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS: |
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-------------------------------------------------------------------------------------------------------- EL CUERPO --------------------------------------------------------------------------------------------------------- Aunque con alguna licencia, para la agilidad de la narración y fácil lectura, todo lo que aquí se narra, menos algún nombre cambiado por deseo de la misma persona que lo ostenta, es absolutamente cierto. Así sucedió, y así nos lo han contado. Igual que en otros de mis libros, vuelvo a insistir que se ha tratado todo lo referente a religión con el máximo respeto. Y que, en cuanto a Jesús, nos referimos únicamente a su vertiente humana. En absoluto a todo lo que, por ser materia de fe, escapa totalmente a cualquier interpretación materialista. Ya que la fe, por naturaleza, es superior a lo físico y nunca puede ser alterada por ello.
AGRADECIMIENTO: Nuestro agradecimiento al arqueólogo Zevi Greenhuth que, pese a sus reticencias, o precisamente por ellas, nos ayudó en nuestras conclusiones.
PRÓLOGO
Fue así. Aprovechando el viaje, pasé por París, donde me había citado con el señor Bruno Betz. Siempre me acordaré de ese viaje por dos cosas, la primera por el encuentro con Bruno y posterior (y muy rápida) gestación de éste libro. La segunda porque, ya cerca de París, pasado el aeropuerto Charles de Gaulle, hay un largo cambio de rasante a partir del cual una bajada continua y suave nos lleva a la capital. Pues justo en aquel punto un coche con matrícula belga había tenido la ocurrencia de refrenarse, hasta casi detenerse, en el medio de la autopista y ocupando dos carriles; realmente yo iba a una velocidad algo excesiva, cuando me encontré de morros con aquel irresponsable. Aún ahora no entiendo cómo pude esquivarlo. Entré en París, atravesando sus dichosos anillos de circunvalación, con el pulso alterado y clavada la imagen de aquel coche del que no me quedó el modelo, pero sí la matrícula, una de esas matrículas Belgas (antiguas, ya que ahora las cambiarán por el modelo europeo, supongo) que son inconfundibles por forma, tamaño y color. Si por un casual éste libro llegase al energúmeno, le deseo hacer saber que por mucho tiempo me acordaré de sus más cercanos antepasados y del indudable oficio de su señora madre. La Autopsia de un enigma
Un curioso anillo Todavía estaba caliente la primera edición de nuestro libro sobre la interminable madeja de Rennes-le-Château, y sus implicaciones con otra historia muy diferente de la que habíamos aprendido en las aulas (libro publicada con el título de: "La verdadera tumba de Jesús"), cuando un extraño personaje, al que tuvimos la oportunidad de conocer durante nuestra estancia en el departamento del Aude, nos salió al encuentro en las inmediaciones de la Bibliothèque Nationale de París, donde nos habíamos citado...
...en un primer momento, sus comentarios, más propios de una novela de espías que de un concienzudo experto en la materia, nos produjeron una cierta estupefacción: ¡nadie, salvo un loco, podía hablar con tanto empaque de cuestiones tan peregrinas!; pero el tiempo se encargaría de demostrarnos que, al igual que en la Alicia de Lewis Carrol, las verdades se ocultan muchas veces tras los más estrambóticos ropajes... ...fue esa actitud de sabuesos azuzados por el instinto, la que nos hizo reparar en el singular anillo que adornaba el grueso dedo meñique de la mano izquierda.
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— Es como lo del huevo y la gallina. Díganme, ¿qué fue antes: la Cruz o el Crucificado, el Sepulcro o Santa Elena, la Iglesia o el Santo Sudario? —inquiría Betz como una ametralladora dispuesta a no dejar ninguna parte de nuestros cerebros libre de sus impactos. |
Al final de este libro íbamos a llegar a una conclusión (o al menos posibilidad) realmente IRONICA Y DESCONCERTANTE y sin embargo absolutamente lógica y plausible... Pero no adelantemos acontecimientos. Para ello tuvimos que hacer mucho recorrido, de mente y de kilómetros, hasta llegar a Tierra Santa.
El escenario del crimen Para cualquier persona que visita Jerusalén resulta asombrosa la contigüidad existente entre los distintos lugares en que se desarrollaron los principales acontecimientos de la pasión y muerte de Jesús. Hasta tal punto que las últimas cinco estaciones (sustracción de sus vestiduras, X; clavado en la cruz, XI; muerte en la cruz, XII; descendimiento de la cruz, XIII; y entierro, XIV) se sitúan dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro, situada en la actual Ciudad Vieja. Y si la extrema proximidad sorprende, más aún la precisión con que se han ubicado tales hechos; sobre todo cuando se comprueba que, durante los doscientos años que siguieron a la muerte de Jesús en esos parajes, no existió ningún monumento que señalara los sitios relacionados con su vida.
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Datos sobre un martirio Puesto que en la tumba y sus inmediaciones encontramos demasiadas pistas, —lo cual, a veces, es tan malo como no encontrar ninguna—, se hace necesario analizar las causas de la muerte de Jesús; un problema bastante difícil de resolver cuando no se dispone del cadáver. Sin embargo, gracias al descubrimiento realizado en 1.968 en los alrededores de Jerusalén, disponemos del esqueleto de un crucificado, de nombre Yehohanan, que fue ajusticiado en la misma época que Jesús,. Antes debemos aclarar que la crucifixión no es un martirio que patentaran los romanos, por mucho que Cicerón y Hollywood se empeñaran en hacérnoslo creer. Tanto asirios, como persas, egipcios y griegos, acostumbraban a utilizar este brutal castigo, que unía a la dilatada tortura las ventajas de un efecto ejemplarizante. |
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La "infames stipes patibulum", también llamada "crux" (cruciare en latín significa atormentar), como castigo más extendido en la época romana, establecía muy claramente que el reo debería ser atado o clavado a un madero (patibulum), con un peso aproximado de 35 kilos, que transportaría hasta el lugar de ejecución, para después izarlo a un poste vertical del que colgaría. Este poste vertical (stipes), contrariamente a las versiones pictóricas, tenía forma de "T" y no rebasaba la altura de un hombre y probablemente se trataba de un tronco sin desbastar, limitándose a clavar o atar los pies del condenado sobre un apoyo (suppedaneum) con las piernas flexionadas. En esta posición, a la víctima le era prácticamente imposible respirar, lo que le obligaba a hacer fuerza con las piernas para aliviar la presión de los músculos sobre su pecho. La muerte, en la mayoría de los casos, sobrevenía por asfixia, más que por las heridas. Un martirio cruel y lento, que podía alargarse durante dos o tres días. Los verdugos solían aplicar una medida de gracia (crurifragium), que normalmente ha sido confundida con un gesto de sadismo: de un golpe le truncaban las piernas al crucificado y, éste, incapaz de sostener su cuerpo, se veía imposibilitado para respirar, falleciendo más rápidamente. |
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...es bien sabido que, por la importancia de sus restos históricos, nadie puede realizar ningún tipo de excavación en Jerusalén, sin antes someter el terreno a una inspección arqueológica. Y cuando, en 1.968, los constructores de un nuevo complejo residencial en las cercanías de la ciudad, esperaban con impaciencia los resultados para iniciar las obras, se encontraron con la desagradable sorpresa, —para ellos—, de que se habían descubierto tres cuevas funerarias con los restos de treinta y cinco individuos; uno de los cuales, hallado en un osario con la inscripción Yehohanan y que, por los análisis posteriores, se trataba de un joven de entre 24 y 28 años, había sido crucificado. A esta conclusión se llegó por el descubrimiento de dos huesos del talón perforados y unidos por un único clavo grande de hierro. Parece ser que se había utilizado este clavo para sujetar a la víctima en la cruz; pero debió dar con un nudo de la madera y doblarse, por lo que impidió la fácil extracción del mismo, a la hora de retirar el cadáver de la cruz. Este inconveniente hizo que se vieran obligados a amputarle los dos pies juntos, arrojándolos con el resto del cuerpo; lo que permitió identificarlo. |
Tras el descubrimiento se pasó a analizar los otros restos del esqueleto, encontrándose el roce de un objeto de gran dureza (probablemente un clavo) en el antebrazo derecho, en la cavidad existente entre el cúbito y el radio, a la altura de la muñeca. Esto viene a contradecir las versiones pictóricas donde aparecen las manos atravesadas, ya que sería imposible que aguantaran el peso de un cuerpo sin desgarrarse. Lo más lógico es que los verdugos romanos, buenos conocedores de su oficio, supieran que el hueco óseo antes citado permitía una mejor sujeción, además de un mayor espacio para introducir el clavo. El raspado que se aprecia no sería más que la consecuencia de las contorsiones desesperadas de la víctima para facilitarse la respiración. También se pudo comprobar la fractura de ambas tibias y del peroné izquierdo, producidas por un fuerte golpe seco, que a todas luces puede interpretarse como el acostumbrado golpe de gracia o "crurifragium", para acelerar el fallecimiento del condenado. ...gracias a esta valiosa información, nuestra búsqueda de una descripción fehaciente de Jesús empezaba a contar con algunas sólidas premisas que nos serían de mucha utilidad en posteriores encuentros. No teníamos todavía una evidencia física; pero sí contábamos con ciertos parámetros a los que debía necesariamente ajustarse, en el caso de encontrarla.
La verdad de Verónica Al llegar a este punto, pasamos a un grado superior en la busqueda del CUERPO. Al de la imagen. Aquí solamente tenemos dos posibilidades que la tradición no da como excluyentes, pero sí la razón: El velo de la Verónica y el Santo Sudario. Objetos que se atribuyen poseer la impresión física del CUERPO de Cristo |
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...¿Pero, de dónde surgió la leyenda de la Verónica? En los evangelios no existe ninguna referencia a esta mujer, sin embargo aparece en la VI estación del Viacrucis en Jerusalén, donde se encuentra la iglesia de Santa Verónica. La mayoría de los expertos sostienen, por su parte, que fue una historia inventada para justificar la existencia de la reliquia y fomentar su devoción. |
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...Si bien existen indicios relacionados con el velo desde el siglo VI, y que mencionan que la reliquia fue posteriormente ubicada en una capilla de Roma, construida ex profeso por el papa Juan VII, en el año 705, —el mismo año en que desapareció de Constantinopla el "Acheiropoieton" ("no hecho con las manos"), que también era una imagen del rostro de Cristo—; es a partir del siglo XII y hasta el año 1.608, en que se tienen noticias de la presencia del "velo de Verónica" en la Basílica de San Pedro de Roma... ... El sudario plegado de Edessa Edessa, al sur de Turquía, fue una de las primeras ciudades sirias en donde se implantó con fuerza el cristianismo. Posiblemente, dado que es el primer caso datado de la aparición de una imagen de Jesús, (en una pared a la entrada de la ciudad), también sea donde se originaron las posteriores leyendas relacionadas con el "velo de la Verónica". Pero, lo que más nos atrae de este caso, es que podría ser la explicación perfecta para la repentina aparición del Santo Sudario, en la localidad francesa de Lirey, en 1.355... ...en el 944, el emperador romano bizantino Romanus Lecapenus se apodera del lienzo, tras un largo asedio de un año, en el que los habitantes de Edessa intentaron engañarlo con sus mejores copias. |
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entero, cuando la Iglesia sólo aceptaba como reliquia a la Mandylion, que representaba un rostro; algo que no se explica muy bien, salvo que de pronto apareciera un sudario completo, ya que el patriarca alude a un desnudo cadáver; salvo que al examinar la tela, el jefe de la Iglesia de Oriente, la hubiera desplegado. Otra referencia a un sudario, en el que se apreciaba claramente la figura de Cristo, y que se exhibía todos los viernes en la capilla de Santa María de Blachernae, la encontramos el la Crónica de la Cuarta Cruzada, en 1.204, de Robert de Clarí, donde narra los acontecimientos anteriores a la caída de Constantinopla en manos de los cruzados. |
¿Se trata de la misma tela o aparece por primera vez un sudario que se mantuvo oculto desde la muerte de Jesús por temor al escándalo? La segunda posibilidad nos plantearía un nuevo problema: ¿cómo pudo guardarse durante 1.200 años una reliquia tan prodigiosa sin que nadie hiciera ni la más mínima mención de su existencia? Se trate de la misma o sean dos, seguramente acabó sufriendo las consecuencias del vandálico pillaje llevado a cabo por los cruzados, y eso explicaría su aparición, apenas siglo y medio más tarde, en Occidente. ...
El Sudario de Turín Hay otra posibilidad que nadie, hasta ahora, ha apuntado. Y es la posibilidad de que la Sábana sea, no una falsificación, sino una COPIA de un original perdido. Lo que explicaría las anteriores irregularidades y su datación, dejando entonces a salvo lo más importante, que la imagen es una reproducción de la de Jesucristo y es, por tanto, la ÚNICA PRUEBA FÍSICA QUE TENEMOS DE SU CUERPO.
El volcán palestino Escogimos un mal momento para visitar Jerusalén. Unas semanas antes, Ariel Sharon, líder del likud, una organización político-religiosa donde se aglutina la extrema derecha israelí, y ahora presidente del estado de Israel, había decidido que como ciudadano de Jerusalén tenía el mismo derecho que un palestino a pasear por la explanada del Templo; hasta ese de momento de uso exclusivo para los musulmanes. En las imágenes de la televisión aparecía fuertemente escoltado por una muralla de guardaespaldas, tranquilo y exultante, pues sabía que aquella provocación daría al traste con las negociaciones de paz y, a su vez, con el muy debilitado gobierno de Barak.
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| La "ciudad de la paz", que en su milenaria historia nunca hizo honor a su nombre, amanecía con la dorada cúpula del Domo de la Roca asfixiada bajo el humo de los gases lacrimógenos del ejército israelí. Se estaba fraguando la segunda Intifada y con ella un conflicto que, a la hora de escribir estas líneas, no parece tener una fácil solución. Una guerra de piedras contra balas, de David contra Goliat, en la que algunos descendientes de aquellos judíos que se sufrieron la diáspora se habían convertido en sádicos opresores, esgrimiendo un derecho divino muy difícil de justificar. Centenares de muertos, miles de heridos y mutilados, y varias generaciones que no conocen otra patria que los campos de refugiados, son el rédito de una región de la que surgieron tres de las religiones fundamentales de nuestra civilización; pero, también, de donde brotaron algunas de las atrocidades más escalofriantes de la historia. | ![]() |
En los tiempos de Jesús, Palestina vivía en una situación similar. Los muertos y torturados se contaban por decenas de millares y los soldados romanos observaban a los paseantes con la misma altanería y desprecio que la de esos jóvenes uniformados que controlan cada esquina de la ciudad vieja de Jerusalén. Como entonces, tanto unos como otros, procedían de países extranjeros y se consideraban justificados por un voluntad superior.
El mártir Poncio Pilato Resulta muy difícil establecer la verdad en una historia plagada de manipulaciones y, — por qué no decirlo—, amputaciones. Durante los siglos IV y V, los monjes copistas se dedicaron a una intensa labor de criba en todo tipo de texto relacionado con la vida de Jesús.Se cambiaron palabras, se trastocaron nombres y se añadieron pasajes, algunos tomados directamente de tradiciones gnósticas, con el solo propósito de borrar de la figura de Jesucristo todo aquello que contradecía las posturas de esa nueva ideología concebida por San Pablo y continuada por los artífices del cristianismo cómo religión.Nótese que el papa Gregorio I, que reinó desde el 590 al 604, mandó quemar los archivos del antiguo imperio romano; seguramente con la intención de eliminar cualquier referencia contemporánea a Jesús que pudiese ser demasiado esclarecedora. Alguna, naturalmente, se le escapó; como también, en su piadoso celo, se les deslizaron unas cuantas incoherencias a los monjes censores. Así, para ocultar las circunstancias de la huida de Jesús tras su entrada en Jerusalén y el incidente con los mercaderes del templo, — lo que supondría que no iba dispuesto, en un principio, a aceptar el sacrificio y que fue prendido por otras razones, de las que hablaremos más adelante—, nos cuentan que tras la cena de Pascua, se dirigieron al Huerto de los Olivos; algo totalmente imposible, pues el huerto se encontraba a las afueras de Jerusalén y las puertas de la ciudad estaban cerradas y fuertemente vigiladas de noche, lo que impedía que nadie saliera; además, tal decisión iría en contra de las prescripciones para la Pascua reflejadas en el Exodo (12,22): «untaréis el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros saldrá hasta la mañana». Como también podemos recordar su entrada en la ciudad montado en un asno, cuando es bien sabido que no se permitía la circulación de ningún tipo de animal por la Ciudad Sagrada, pues es consideraba que era una forma de mancillarla; por el contrario, los animales que estaban destinados a los sacrificios se los introducía por la puerta Norte, muy cerca de la zona del templo donde se guardaban antes de las ceremonias. ...esta connivencia de Poncio Pilatos con los zelotes, podría explicar el confuso pasaje de la liberación de Barrabás, al parecer, un zelote condenado por asesinato durante un motín perpetrado contra la torre de Siloé (fortificación que se encontraba en el ángulo sudoriental de la muralla de Jerusalén). Podría decirse que de esta forma mataba a dos pájaros de un tiro: por un lado, pagaba el favor, liberando a Barrabás; y, por otro, seguía con lo que parece ser una farsa montada en torno a la muerte de Jesús: Ya que después de consentir que se crucifique a un hombre el viernes, cuando a la puesta de sol se inicia el sabbat y todos los cuerpos tienen que ser descolgados, y de que extrañamente no se le quiebre ningún hueso, (el célebre crucifragium que se aplicaba como medida de piedad, en este caso totalmente contraproducente), permite a José de Arimatea que lo entierre en una tumba, cuando la ley romana estipulaba claramente que los crucificados debían ser arrojados a una fosa común, "fossa infamia", tal como aclara Tácito en sus Anales: «Los condenados a muerte, además de la confiscación de sus bienes, eran privados de sepultura». Todo esto, mostrando su extrañeza por la rapidez en morir de Jesús; pues, como él mismo sabía, los condenados podían tardar en perecer de dos a tres días. ¿Se debió todo aquello a algún tipo de soborno o estaban por medio las profecías de las sibilas a quien era tan aficionado el emperador Tiberio? Éste, famoso por su indiferencia hacia los dioses romanos, había escuchado a los oráculos que se avecinaba la llegada de un rey en oriente, lo que quizás le indujo, en algún momento, a considerar la posibilidad de destituir a Herodes Filipo y nombrar a Jesús tetrarca de Galilea, para apaciguar la resistencia judía. Posiblemente, el conocimiento de esa parodia indujo a los saduceos a denunciar a Pilatos ante Vitilio, gobernador de Siria y jefe inmediato de Pilatos; lo que le obligó a viajar a Roma para rendir cuentas. Un motivo bastante más creíble que el episodio, también referido por Flavio Josefo, de la masacre llevada a cabo contra unos cientos de samaritanos que se reunieron en el pueblo de Tirathana, para ascender al monte Gerezim, donde creían que se encontraban los vasos sagrados escondidos por Moisés; más cuando era labor de un prefecto reprimir cualquier tipo de aglomeración que pudiera alterar el orden. Pero cuando Pilatos llegó a la capital del imperio, se encontró con que Tiberio había fallecido y ocupaba su lugar Calígula. El castigo no se hizo esperar y Pilatos fue depuesto; terminando por suicidarse en Viennes (Francia) el año 39. Las tradiciones de la zona (ver nuestro libro: "La verdadera tumba de Jesús") lo aseguran insistentemente. |
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El candidato de los zelotes Perteneciera directamente o no a la secta de los zelotes, Jesús, que era descendiente directo y de la tribu de David (los Evangelios lo aseguran con rotundidad) se había erigido como el nuevo Mesías, el rey de Israel. Y, como tal aspirante al trono es recibido a su entrada en Jerusalén con gritos de "Hosanna", que significa "libéranos". No obstante, según muchos estudiosos, se ha confundido voluntariamente la fecha de este recibimiento con el día de Ramos; cuando, lo más seguro que se trate de la "Fiesta de los Tabernáculos", en la que las familias adornaban sus chozas con ramas de todo tipo, fundamentalmente palmeras, y que tenía el sentido de reproducir los goces que les esperaban en el futuro reino mesiánico, o sea, era una fiesta que celebraba la espera del rey venidero. No era de extrañar que en esa celebración se dieran brotes de reclamaciones políticas y sería la fecha perfecta para la llegada de Jesús como aspirante al trono de Israel. Llega entonces el extraño pasaje en el que Jesús, contrariamente a su trayectoria, — al menos, tal como aparece en los evangelios—, la emprende a golpes con los mercaderes y cambistas del templo. ¿Por qué esta actitud con los que vendían a los peregrinos todo lo necesario para realizar las ofrendas? ¿Estaba realmente indignado con una escena que no podía extrañar a ningún judío o se trata, otra vez, de una deformación de nuestros piadosos copistas? Nos encontramos aquí con un curioso párrafo del historiador romano Celso, extraído de su Discurso Verdadero, y que nos puede aclarar la insólita rapidez de la posterior prendición de Jesús y la brevedad de los trámites legales que le siguieron. |
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«Pero, ¿cómo recibió como Dios a aquel que, entre otras cosas motivo de queja, no realizó nada de lo que había prometido? Aquel que, convencido, juzgado y condenado al suplicio, se escapó vergonzosamente y fue capturado de nuevo en las condiciones más humillantes, gracias a la traición de aquellos mismos a los que él llamaba discípulos». Léase bien: «capturado de nuevo». ¿Quiere esto decir que Jesús ya había sido detenido, juzgado y condenado antes y, por eso, cuando Pilatos le envía ante el Sanedrín, después a Herodes Antipas y vuelve otra vez a Pilatos, se trata de un reconocimiento de puro trámite, pues las tres autoridades legales sabían perfectamente de quién se trataba y cuál era su sentencia? Entonces, ¿por qué causa y en qué ocasión le prendieron antes? El motivo se halla en la disputa con los mercaderes. |
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Jesús entra en Jerusalén aclamado por sus seguidores zelotes que armados con ramas lo reciben como un libertador. Pasados unos días, se dirigen al templo y se encuentran con los comerciantes, en su mayoría saduceos y fariseos, y comienza el altercado. (Es imposible que en una ciudad tan vigilada, Jesús hubiera podido armar tal gresca y salir tranquilamente hacia Betania, como indican los evangelios, sin que hubiera intervenido ninguna patrulla romana). Se produce, en aquel momento, la primera detención de Jesús y, posiblemente, el diálogo donde contesta descaradamente a Pilatos. Por alguna desconocida circunstancia consigue escapar y se refugia a las afueras de Jerusalén. ¡Y pasa seis meses escondido!; el tiempo que media entre la fiesta de los Tabernáculos y la Pascua judía (si esta fecha no se trata simplemente de una adecuación a efemérides paganas, como ya señalamos anteriormente). Por eso incumple lo que había prometido, al huir sin lograr su objetivo. Por eso la brevedad en los trámites legales: se trataba de la fuga de un condenado. Lo que fue un nuevo intento, entre tantos otros, de rebelión para instaurar un reino davídico en Israel, terminó con la fuga del líder y la posterior denuncia, motivada por la decepción, de alguno de sus seguidores.
LA CLAVE DEL MISTERIO La desaparición del cuerpo Se ha especulado mucho sobre la fecha de la muerte de Jesús. Unos afirman que el año 27, y otros el 30, 33 o 35, atendiendo a las fases de la luna y su relación con las celebraciones de la religión hebrea. Sin embargo, otros como San Ireneo, le adjudican al Mesías la friolera de 50 años, pereciendo bajo el gobierno de Claudio. Atendiendo a la insuficiencia de pruebas, gracias a los esmeros de la Iglesia o a la carencia de noticias relevantes sobre el tema hasta el siglo II, resulta un tarea ímproba y con escasa posibilidad de éxito. ¡Siempre que fuera cierto que Jesús murió en el suplicio de la cruz y no sobrevivió malherido una temporada o que su cadáver hubiera sido substraído para confirmar la resurrección! En nuestra entrevista con el padre dominico... ...le planteamos esa posibilidad y las consecuencias que tendría para el cristianismo el hallazgo de un osario con los restos de Jesucristo. Su respuesta fue tajante: esa posibilidad ya había sido prevista por San Pablo (¿quién sino?) en su Primera Epístola a los Corintios, 15: «Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con que cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tu siembras no revive si no muere. [...] Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual. [...] Os digo esto, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos; ni la corrupción hereda la incorrupción. ¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados. En un instante, [...] los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad». Según eso, poco importa el soporte físico, y por tanto la Iglesia podría seguir confirmando la resurrección de Jesús basándose en los testimonios de sus apóstoles. Pero entonces, a qué viene tanto esfuerzo en escenificar una historia que sólo se sostiene en unas declaraciones.
Dos posibles hallazgos Al comienzo de este libro, nos referíamos a los días pasados en Francia, investigando el caso de Rennes-le-Château. Un misterio que se había originado a partir de las obras realizadas por el padre Bérenger Saunière, en 1886, para restaurar su iglesia de Saint Marie Madelene. Según parece, el religioso había encontrado unos pergaminos en los que se hacía referencia a algo de gran valor. Aunque no pudo demostrarse la existencia de tal tesoro, el párroco comenzó a llevar una vida completamente distinta, colmada de toda clase de lujos, como si dispusiera de una fuente inagotable de dinero. En un principio, la relevancia del tema no parecía llegar más allá del sospechoso enriquecimiento de un cura de humilde procedencia y escasos recursos; pero al descubrir las sorprendentes relaciones sociales del cura, entre las que se contaban desde archiduque Juan de Habsburgo hasta Claude Debussy y un sin fin de personajes relacionados con organizaciones esotéricas de aquella época, comenzamos a sospechar que tras el tesoro oculto del abate de Rennes-le-Château se escondían los indicios de algo más inquietante, algo que sobrepasaba la pura anécdota de un hallazgo. Investigaciones posteriores fueron descubriendo en la región la riqueza de un pasado histórico que parecía constituir un sinuoso hilo donde engarzar las enigmáticas cuentas de una voluntad milenaria. Todo parecía apuntar a que Jesucristo o sus restos, no habían permanecido en Jerusalén, sino que habían acompañado a María Magdalena, su esposa, en un viaje de huida a Francia, donde habían sido acogidos por una comunidad de judíos esenios. Las pruebas apuntaban hacia un plan milenario para proteger un valioso tesoro. Y ese tesoro no sería otro que el Santo Grial, la «Sang Raal», encarnada en la estirpe y los descendientes de Jesús, la sangre «verdadera», engendrada por María Magdalena. La custodia de esa descendencia sería encomendada a una misteriosa orden denominada el Priorato de Sión, fundada en Jerusalén, y de la que surgirían los Templarios. Esta orden, que sigue activa hoy en día, tendría como misión el restablecimiento de una monarquía davídica con alguno de los sucesores legítimos de Jesús, procedentes de la antigua dinastía de reyes francos: los merovingios. Osarios y también vacíos fueron los que tuvimos la oportunidad de observar, gracias a la amabilidad del joven arqueólogo Zevi greenhuth. Pero eso, por su importancia capital y auténtico motivo de nuestro viaje a Israel, debemos de tratarlo aparte y con todo detalle...
... EL GRAN DESCUBRIMIENTO ¿LA RESOLUCION DEL MAYOR MISTERIO DE LA HISTORIA? |
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Se trata de un grupo de cuatro arquetas, de la época de Jesús, de 1m. de largo por 30 cm. de ancho, aproximadamente, que fueron encontradas recientemente en un sepulcro cercano a Jerusalén. Su función era la de recoger los huesos, una vez descompuesto el cuerpo que anteriormente había sido colocado en la sepultura; esto permitía la utilización de la tumba por varias generaciones, ya que los osarios ocupan mucho menos espacio. Lo interesante de estos osarios se encuentra en las inscripciones que aparecieron grabadas en cada uno y que pudo convertir este descubrimiento en el centro de la atención mundial, sin embargo pasó desapercibido, fuertes intereses se encargaron de ello: |
Escritos en hebreo, aparecían en las arquetas los nombres de José, María, Tomás y, aunque con dificultad, podía leerse en el último, Jesús - hijo de José. Al instante se dispararon las especulaciones que consideraban como especialmente reveladora la coincidencia con los nombres de la Sagrada Familia y el supuesto hermano gemelo de Jesús, Tomás (ese es su significado en hebreo y quienes admiten esta teoría se apoyan en la anécdota que aparece en Los hechos de Tomás, cuando a Jesús se le aparece un hombre joven: «vio al Señor Jesús en la semejanza del apóstol Judas Tomás. [...] El Señor le dijo: Yo no soy Judas que es también Tomás, yo soy su hermano»). Sin embargo, como nos aclaró rápidamente Zevi greenhuth, esta coincidencia no se puede tomar en consideración pues esos nombres (José, Jesús y María) eran muy comunes en la época de la que hablamos y podía tratarse de cualquier familia. Claro que, como veremos más adelante, voluntaria o involuntariamente, se olvida (igual que todos los demás que participaron en el descubrimiento y excavación) de la cuarta arqueta y el nombre que en ella figura; lo que resultará de una importancia fundamental.
EL ESLABÓN PERDIDO Como ya indiqué en el capítulo anterior, todo el mundo pareció olvidarse de la arqueta que pone TOMAS. Se nos hizo referencia a un artículo escrito a poco de circular, entre los especialistas, la noticia de la aparición de las arquetas. El autor negaba la posibilidad de que pertenecieran a la familia de Jesús: "Por que estaban escritas en hebreo y la lengua de Jesús, como natural de Galilea, era el arameo". Los copistas y traductores cristianos no lo sabían, o no lo querían saber. Por eso la cita anteriormente referenciada: "Tomás, llamado Dídimo". Esto es: "Gemelo, llamado Gemelo". Lo que aclara el enmascaramiento que ha perdurado, e influido, hasta ahora. Tan hasta ahora que nadie ha reparado en, como demostraremos al final del libro, la importancia CAPITAL DE ESTE NOMBRE EN LAS ARQUETAS HALLADAS. Unidas a que en los pasajes de las Escrituras donde se traduce por "familiares" (algunos traductores por lo que han corregido, se les debería considerar como verdaderos coautores) o "primos", debería poner "hermanos". Por tanto Tomás sería "el gemelo" de Jesús. El HERMANO GEMELO.
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¿DÓNDE ESTÁ EL CUERPO? Las arquetas están, allí las hemos fotografiado pero y ¿los huesos?
ANÁLISIS Y REFLEXIÓN
Hemos examinado en este libro dos puntos básicos en referencia al CUERPO físico de Jesús. En nuestro anterior libro "La verdadera tumba de Jesús" ya expresamos nuestras dudas sobre la posibilidad, apuntada por varios autores, de que cerca de Arques estuviera enterrado su CUERPO, o el de alguno de sus sucesores. Aunque cabría la posibilidad de que fuera un segundo enterramiento, lo que ahora descartaremos inclinándonos definitivamente por la segunda posibilidad; a no ser que estuviera vacío, al ser descubierto, el sarcófago encontrado en Jerusalen. Estos dos puntos son: La Sábana Santa de Turín. Tumba y Sarcófago de Jerusalén. El primero parece ahora claramente una impostura. Pero apuntamos la posibilidad de que sea una copia de un ORIGINAL PERDIDO. Lo que explicaría casi todo. En ese caso sí estaríamos ante la auténtica representación de su cuerpo. |
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El segundo nos decidimos, sinceramente, por su autenticidad. Ya que sería mucha casualidad encontrar un enterramiento en la zona, y más de una tumba de hombres importantes, en las que figuren los nombres de Jesús hijo de José, su hermano Tomás y María. |
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Si los huesos no están, sí estaban cuando fueron desenterrados. Los arqueólogos miran para otro lado al hablarles del tema, está bastante claro lo que con casi certeza ocurrió...
FINAL
La última conclusión, o si se prefiere decirlo, posibilidad, no se ha de negar que es realmente chocante y de una suprema IRONÍA. De todas maneras no supone ninguna conclusión contra la fe cristiana, en todo caso sería contra alguna interpretación de las Iglesias. En primer lugar hemos de recordar que ya existió el llamado arrianismo (arraigado en España hasta el siglo VI por los visigodos) y el monofisismo (mayoritario en Egipto, tierra próxima a los hechos que desembocaron en el cristianismo como religión, hasta su incorporación al Islam) en ambas corrientes religiosas, prescindiendo de complicadas sutilezas teológicas, Cristo no era exactamente como nos lo enseñaron. La aparición de sus restos físicos es un simple hecho histórico para el no creyente, y para el que lo es, no puede restar nada contra la fe y la esperanza en la resurrección; al respecto nos remitimos a San Pablo, en la cita, suficientemente explícita, que hacemos en este libro.
Notas del autor: Algunos nombres de personas a las que citamos en este libro han sido cambiados por su expreso deseo.
Cuando enviamos el original a imprenta, el conflicto entre israelíes y palestinos seguía sin resolverse y nada parece indicar que se vaya a solucionar en el futuro. Realmente es complicado, como observamos in situ, resolver algo en lo que se juntan injusticias históricas, fanatismo religioso, intromisiones externas, y abismales diferencias sociales. De esto último apenas se habla, pero yo creo que es una razón decisiva y que deriva en dos vertientes. La primera es la diferente concepción de comunidad, patria y familia. La segunda es de tipo económico. En ambas, y según nuestro parámetro socio-político actual, los palestinos viven mucho más retrasados que los israelíes.
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